domingo, 16 de noviembre de 2008

Mi muy clara, estimada y admirada dama del valle y del mar airado

A los trece días del mes de noviembre del dos mil y ocho años, día de San Leandro, obispo, que en el año 578 logró la conversión al catolicismo del príncipe arriano Hermenegildo, y después de todos los herejes visigodos de la Hispania. Desde la muy leal y muy noble Nuova Hispania.

Mi muy clara, estimada y admirada dama del valle y del mar airado.

Escribirle a vuestra merced no es empresa que se antoje fácil, porque estáis vos, lejos y en veces próxima. De cierto os digo lo mucho que he gozado de haceros convite de mi cocina, de mi antigua casa y de que charlásemos bien ameno siempre. Cierto es que me ha ayudado a sentir menos mi quebranto de alma, sólo por el hecho de que vuestra merced estéis con aqueste malvado algunas horas; vuestra lucidez de mente y su encantador trato me hacen un buen día.

Sé que estáis entregada a los laburos del campo en las tierras de los valles que nos previera del trigo que se cocinara en pan, mesmos que llenaron de alegrías los tristes gaznates y las existencias de los que habitaran en la Nuova Spania. Aún y cuando que vuestra menesterosa mano no se aplica en los milenarios jornales de labrar la tierra, imagino claramente en mi pensar, el verla entre los campos…. ¡Sonriente! Pues su laburo es en cambio, la de encontrar en aquesta tierra otro tipo de secretos igual de añejos. Los dichos secretos de los hombres y mujeres que antiguamente poblaron anquellas tierras, y que sin deciros nada, estaban allí haciendo una espera a que su paciente oído llegara, para contaros a vos, bien quedito, anquellas las historias de vida de que tanto gusta vuestra merced llenarse la imaginación.

Cuando doy oídos a vuestra merced, percibo en la tesitura de vuestra voz -esa misma que tiene al principio de la caída de la tarde- que estáis comenzando a reparar en la falta de fuerzas que resulta del jornal, pero al tiempo, le encuentro el timbre sutil y vivo de la felicidad de estar ahí, de haberos descubierto a vos, simple y llanamente viviendo. Haciendo aquello que os hace estar contenta.

Le aseguro a vuestra merced que estos días no serán aciagos, aún y cuando por la compañía de las comadrejas de campo que están con vos, pues no podrán ni con mucho, haceros ni una triste mácula apenas pueril, al brillo de vuestros logros y recuerdos de esta temporada. Mismos que habéis de llevar por toda la vida. Sois pues vuestra merced, señora de los valles y el mar, la que haréis que todo valga ser, por estar creado por vuestra mano en compañía de su anhelos.

Tengo que dejaros vos, ha sido una jornal largo, la luna llena y el Sbat de la Diosa de las wiccas me hacen vivir en zozobra, vigilia y estar en vela hasta que quiebra el alba.

Por siempre suyo, muy atento, desvelado y muy guardado de su mano llena de magia.

GabrielFranciaG:.
Caballero de la orden del EkBarum, primer gaviero de la nao capitana del Sortilegio Epistémico y artífice del modelado de la arquitectura virtual naval.
Hombre muy temeroso de Dios, y avecindado de los Ajuxcas Tepanecas de Santo Tomás del territorio de San Agustín de la Cuevas
[Rúbrica]

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Si la dama que a vuestra merced de musa sirve, os desprecia ¡a la horguera!... Que responda pues cual debe.


En mi ser aun hay tres latidos por vos cada minuto, ya son sólo tres:.

Anónimo dijo...

mientes bastante bien

Anónimo dijo...

¿que tiene ella, que no tenga yo?

María Inés Pozo de Villa dijo...

Mi muy apreciable caballero de las aguas encantadas,
Cuántos recuerdos dejáis en estas líneas. Dos mil y ocho años, seis años desde que vos escribisteis esto. "Las sirenas al verte, han quedado presas y enamoradas de tu presencia"... aún conservo el verso, que en aquellos años de jornal, escribí para vos.
Sea cual sea su musa, esta dama de los ojos amielados os deja su corazón en estas líneas.
MN.

Anónimo dijo...

Sos un encanto caballero Gabriel.